La situación económica es delicada, pero no explosiva. Y ahora que pasaron las elecciones, el gobierno tendrá que abocarse a encaminar la gestión.
Por la desaceleración de la producción, el ritmo de crecimiento de la inflación está hoy en el 15% con respecto al 25% anual de 2008. Pero las presiones alcistas son muy fuertes y el costo de vida podría recuperar el ritmo alcista del año pasado.
Por ejemplo, hay versiones de que pasadas las elecciones, el gobierno le daría más aire para que las empresas de servicios públicos sigan subiendo tarifas las que ya lo están haciendo como el gas. También habría aire para subas en servicios privados. Un caso es el de las prepagas de medicina, que tienen listas alzas del 19%, según –estiman- les aprobaría el gobierno tras pedirle que no las toquen en este primer semestre. Y el ajuste también vendría por el lado de los alimentos.
También asoma en el panorama un fuerte ajuste del gasto público que se vino expandiendo para hacer frente a la baja de la actividad privada. Con los mercados de crédito privados externos cerrados, la baja de recaudación y lo avanzado que está la ejecución del presupuesto (más que a esta misma altura del año pasado), el gobierno se verá en la disyuntiva de bajar el gasto o salir a buscar financiamiento de organismos multilaterales, ambas medidas ortodoxas para el manual del kirchnerismo.
Pero si el gobierno corta mucho el gasto, la contracción podría hacer subir el desempleo, que los encuestadores ya lo ubican por encima del diez por ciento. Y la suba del desempleo con el alza de la inflación, impactan de lleno en los sectores más vulnerables de la sociedad.
La posibilidad de aumentar la presión fiscal choca con un sector empresario que pide la baja de impuestos y la devolución de crédito fiscal para ganar competitividad a la hora de exportar. Y sin exportación (que significa ingreso de divisas) y con bajo consumo, la inversión y las importaciones sólo tienen un horizonte estrecho.
Pero no todas son malas para la Argentina. A nivel internacional, parece que lo peor de la crisis financiera internacional ya pasó. Si esa tendencia se confirma, habrá un mejor marco externo en lo referente a apertura de mercados que reciben exportaciones argentinas y una menor presión alcista a la tasa de interés. Y lo que es más importante, también se están recuperando los precios de los granos, apuntalando así una mejora del principal sector económico del país.
Ahora, todo está en manos de que el gobierno sepa capitalizar esa mejora como lo hace Brasil y no le sume trabas “made in Argentina” que haga que el viento de cola de ese mejor frente externo pase por el costado y no contribuya a la recuperación.