“Separar el quinto dedo del pie parece un movimiento realmente banal, ¿no? Pero no podemos hacerlo. No es que no queramos, es que realmente no podemos hacerlo. Sin embargo, la orden ha llegado del cerebro. Entonces, lo hacemos, pero con otros músculos, lo cual provoca torsiones por doquier. Y esto ocurre cada vez que intentamos hacer cualquier cosa”.
Las palabras son de Thérèse Bertherat, creadora en los ’70 de la disciplina Anti-gimnasia, un método que propone conocer el cuerpo y para recobrar la movilidad y la vitalidad, respetando las posibilidades físicas personales.
Recientemente, esta práctica llegó a Rosario de la mano de la empresaria e instructora María del Carmen Fracassi, una de las tres licenciatarias del método que existen en la ciudad.
“Practicar Anti-gimnasia puede servir para tratar tensiones y dolores corporales provocados por stress, por estar mucho tiempo sentado trabajando. Esto se hace aprendiendo cómo se mueve el músculo, llevando oxígeno a ese lugar para poder moverlo, recuperar el movimiento perdido. Sucede que a veces tenemos muchos músculos olvidados, y hay que reconocerlos”, contó a punto biz Fracassi.
Según la instructora, las tensiones y las contracturas disminuyen la movilidad del cuerpo y los impulsos se bloquean. Y la forma para evitarlo, tiene que ver con reconocer cada músculo del cuerpo. “Se trata de empezar a tener contacto con el cuerpo, pero no de forma independiente, sino mediante la cabeza, pero junto al cuerpo como un todo, evitando el automatismo, por eso se llama Anti-gimnasia, porque el movimiento es pensado”, explicó.
Incursionar en esta disciplina implica un recorrido por todo el organismo, desde la cabeza hasta los pies, en una experiencia que, según Fracassi, “despierta sensaciones nuevas, porque los músculos olvidados se vuelven a despertar, y es necesario que trabajen a nuestro favor”. Es que la Anti-gimnasia parte de la base de que el cuerpo posee una memoria muscular, que tiende a volver cada una de sus partes a los orígenes del ser humano, cuando aún se movilizaba sobre cuatro patas. “El cuerpo está relacionado al movimiento animal, por eso hay que pensar los músculos y saber darles la orden para que funcionen”, agregó.
La evolución de la Anti-gimnasia puede pensarse como un “ir sacando capas de una cebolla”. “Cuando alguien termina un ciclo de sesiones, en el siguiente ya se comienzan a notar cambios en el cuerpo. Se van quitando capas en los distintos ciclos. Aunque cada cuerpo tiene su historia personal”, señaló Fracassi, y agregó que es aconsejable tomar un año de sesiones para percibir una mejora.
La sesión que ofrece la instructora local consta de un grupo de no más de 10 personas, y está abierta a todas las edades y sexos. Si bien no quiso soltar prenda, Fracassi contó que a su instituto asisten personalidades reconocidas de Rosario, del ámbito político y del artístico, pero también profesionales de distintas ramas.
Lejos del Yoga
Según Fracassi, la Anti-gimnasia no busca competir con el Yoga, aunque admite que en muchos casos, al no ser popular la disciplina francesa, muchos terminan eligiendo la práctica oriental.
“La Anti-gimnasia está más ligada a cuestiones fisiológicas, a pensar el cuerpo. Además, se trabaja sobre movimientos pequeños. En cambio, el Yoga está relacionado con el espíritu y la religión”, explicó.
La Anti-gimnasia en Argentina
La Anti-gimnasia fue creada en casi 40 años atrás en Francia. Sin embargo, llegó a la Argentina recién tres años atrás. En Rosario, aterrizó dos años atrás pero el grado de conocimiento no es tan fuerte. Por eso, quienes la enseñan están llevando adelante acciones de difusión, como el ciclo de charlas organizado Fracassi que se realizó el sábado pasado, y que contó con especialistas internacionales de la disciplina.