Poder revertir una magra situación económica representa un gran avance entre aquellos que no cuentan con un trabajo rentado, y hacerlo con la autogeneración del empleo, es aún más valioso.
Muchos sienten la vocación de comenzar un microemprendimiento y otros lo hacen por necesidad, para complementar un sueldo que no alcanza para llegar a fin de mes, o por el deseo de estar más presentes en la vida de sus hijos. Sin embargo, los obstáculos son muchos a la hora de poder obtener ganancias.
En San Lorenzo existen casos de microemprendedores que han sabido salir adelante con sus propios negocios, y todos se mostraron en el 1º Congreso de Emprendedores de la provincia de Santa Fe que se desarrolló en esa ciudad hace unas semanas.
Analía hace 14 años que se dedica a la fabricación de chocolatería artesanal en su casa y comenzó por una necesidad económica. En sus inicios confeccionaba huevos de pascua y con el tiempo se unió a los artesanos de San Lorenzo con quienes trabaja desde hace cuatro años y, en su afán por perfeccionarse, comenzó con la bombonería artesanal.
La microemprendedora reconoce que lo que hace es una pasión y que gracias al chocolate, pudo salir adelante y llevar a cuestas a su familia. “Lo artesanal siempre cuesta un poco más, en la ciudad vendo muchísimo, y como me muevo en ferias, he estado en otros puntos del país”, sostiene Analía
“Es difícil subsitir porque el dinero lo tenés que sacar de tu bolsillo, muy pocas veces tenés apoyo o subsidios y muchas veces invertís y no tenés ganancias. Mi negocio tiene sus riesgos importantes porque por una cuestión estacional trabajo sólo desde marzo hasta octubre”, señaló De Rito.
La vedette de los chocolates es una imitación del Pórtico de la Gloria realizado íntegramente en chocolate blanco y negro, como también un tablero de ajedrez con sus piezas completas. “Los moldes los elaboré yo porque no existen, y me lo han pedido para regalar en varias ocasiones,” comentó de Rito.
Otro de los ejemplos de microemprendimientos que más se destacaron durante el Congreso fue la marca de vinos La Emilia, fabricada por productores de varios puntos de la provincia, incluida San Lorenzo.
Graciela Centeno empredendora sanlorencina contó el proceso de producción de vinos caseros que comenzó por el 2001. “La producción de vinos se hace en las ciudades de Casilda, Oliveros, Bigand, Figuera entre otras localidades y somos alrededor de 30 productores que vamos a buscar la uva a Vichigasta, un pueblo cercano a Chilecito y la trasladamos en camiones acondicionados, con cajones y bolsas especiales”, relató y agregó que los productores eligen una parcela especial de una finca para extraer la mejor uva, previo análisis para determinar su calidad y determinar su tenor alcohólico.
La Emilia, ofrece las versiones Cabernet Sauvignon, Syrah y Torrontés, por tratarse de las tres uvas que coinciden en los tiempos de maduración. Así, la uva comienza un proceso donde se la muele y se la deja estacionar dependiendo el tipo de cepa (de 5 a 7 días) se vuelve a prensar y allí se filtra dejándola reposar durante 30 días, mientras se somete el producto a nuevos análisis para asegurar su calidad.
La Emilia intenta gestionar subsidios ante el Estado para poder adquirir nuevos equipamientos y poder expandir su negocio. El vino es comercializado en negocios de la región, y en domicilios particulares por tratarse de un producto sin aditivos: “Tenemos que ver que esté bien cuidado, no puede estar en cualquier góndola”, señaló Centeno quien agregó que la forma más rápida de hacer conocer su producto fue a través de ferias, ventas de artículos regionales e Internet.