Esta mañana, en una improvisada rueda de prensa, el ministro de Trabajo y Seguridad Social de la provincia de Santa Fe, Carlos Rodríguez, se refirió al de la firma Naranpol como “uno de los casos más difíciles” con los que ha tenido que batallar. Según dijo, los propietarios de la empresa son los “empleadores más difíciles que he conocido en mi vida, no en la provincia de Santa Fe”.
Vale recordar que la compañía tiene sus puertas cerradas después de que se declarara en concurso de acreedores y redujera el salario de los trabajadores. Así fue que el personal se dividió en dos grupos: los que pretendían cobrar el monto anterior a la crisis y los que preferían seguir prestando servicio, a la espera de que mejore la situación.
“Realmente la negociación es muy difícil”, agregó el titular de la cartera en diálogo con los periodistas. Además, aseguró que el “nivel de flexibilidad” de los actuales propietarios de la firma “es cero. Cero o menos cero, en número negativo”, agregó.
En el mismo sentido, relató que ayer se desarrolló una nueva reunión de la que tomaron parte funcionarios del Gobierno provincial y, tal como sucedió en oportunidades anteriores “hemos insistido en que presenten un plan de trabajo, hacia dónde quieren ir a futuro” pero, lejos de eso, los responsables del emprendimiento comercial “plantean una cantidad de dinero que necesitarían para reabrir que no tiene nada que ver con una puesta en funcionamiento”.
“Nos tiene muy preocupados”, reconoció Rodríguez, a punto tal que “la viceministra (Nora Ramírez) está prácticamente consagrada a Naranpol mañana tarde y noche”, teniendo en cuenta que “nunca nos tocó un caso de estas características”.
Por último, y crudamente, el titular de la cartera opinó que el anterior dueño, el fallecido Carlos Galán, “debe tener ganas de levantarse de la tumba y revisar lo que están haciendo sus hijos”.
Sorpresivo piquete en el Puente
Empleados de la empresa Naranpol comenzaron este mediodía un sorprensivo piquete en la cabecera puente Rosario-Victoria. La protesta, que se anunció por tiempo indeterminado, se realizó en la mano que va desde la ciudad a la localidad entrerriana y fue levantado pasado el mediodía.
La fábrica de bebidas se declaró hace un tiempo en concurso de accredores y redujo el salario de los trabajadores. En ese momento, los empleados se dividieron: algunos aceptaron seguir trabajando por menos dinero a la espera de un mejor horizonte, pero otros se negaron al recorte de sueldos. El primero de noviembre, directamente cerró sus plantas en el territorio santafesino. Desde entonces, se mantiene una dura negociación entre el gobierno provincial, el sindicato y la empresa: hasta ahora, ningún avance.
En una improvisada rueda de prensa, el ministro de Trabajo y Seguridad Social de la provincia Carlos Rodríguez aseguró esta mañana que el conflicto en torno a la firma Naranpol es “uno de los casos más difíciles” de su gestión. Y fue muy duro: opinó que el anterior dueño, el fallecido Carlos Galán, “debe tener ganas de levantarse de la tumba y revisar lo que están haciendo sus hijos”.
"Nos tiene muy preocupados” el caso, reconoció el funcionario, a punto tal que “la viceministra (Nora Ramírez) está prácticamente consagrada a Naranpol mañana tarde y noche”. E insistió: "Nunca nos tocó un caso de estas características”.
Este martes hubo una nueva reunión entre las partes, pero no se llegó a buen puerto. “Hemos insistido en que presenten un plan de trabajo, hacia dónde quieren ir a futuro” pero las autoridades de la firma “plantean una cantidad de dinero que necesitarían para reabrir que no tiene nada que ver con una puesta en funcionamiento”, destacó el funcionario.
El ministro de Trabajo planteó que los propietarios de la empresa son los “empleadores más difíciles que he conocido en mi vida, no en la provincia de Santa Fe”. Y consideró que su "nivel de flexibilidad" es directamente "cero". Y abundó: "Cero menos cero, en número negativo".
La apoderada de la firma, María Galán, había adjudicado en su momento la decisión de suspender la producción en las plantas santafesinas a la constante protesta del personal que ponía en riesgo las instalaciones y la propia integridad de los obreros.