La llegada del crucero alemán que tomó por sorpresa al verano rosarino, hace pensar en la posibilidad de establecer a la “Cuna de la Bandera” como parada de otras “ciudades flotantes” en su paso por Argentina. Con miras a generar mayor infraestructura receptiva en el puerto local si en el futuro se repiten los desembarcos extranjeros, desde la empresa que organizó las actividades que los turistas realizaron en suelo santafesino, hablan de un operativo positivo a la hora de referirse a la atención al transatlántico que parte hoy al mediodía.
“A los que me preguntan si la infraestructura puede mejorar, le digo que sí. Aunque no tengo nada que reprocharles a las autoridades portuarias que participaron en la logística para atender a los más de 300 turistas del crucero”, expresó Ariel Piló, propietario de Receptivo Piló, empresa encargado de generar las actividades que los visitantes europeos realizaron en Rosario. Con la mirada en atender a los turistas que parten a las 12 hacia la Capital Federal, el empresario fue tajante a la hora de plantear que fue un lunes exitoso en la difícil tarea de recibir al primer crucero de lujo que llegó a la ciudad remontando el Paraná.
“Recién cuando el capitán tome rumbo sur hacia Buenos Aires vamos a hacer el balance. Hasta ahora la cosa viene muy bien”, remarcó Piló. Cuando el barco atracó el impacto mediático fue masivo, pero resulta interesante preguntarse por la capacidad de la ciudad para recibir un flujo constante de naves turísticas, realidad a la que se adaptó la capital del país desde hace unos 10 años.
“Como toda cosa nueva, la recepción de un barco grande de pasajeros implica aceitar una tarea a la que no estamos acostumbrados, de la mano de nuevos barcos que puedan venir vamos a ir ganando más experiencia y ahí sí tendremos que hablar de instalaciones acordes”, aseguró el empresario del turismo local al tiempo que insistió en que destacar a Rosario como plaza de un itinerario mundial es un beneficio extra, no solo para su firma, también para profundizar el boom turístico de la ciudad.
Por último, Piló desmintió que el barco haya decidido venir a Rosario, por falta de lugar en la terminal porteña: “resulta difícil pensar en la falta de lugar, cuando Buenos Aires recibe un promedio de un crucero cada dos días”. En las últimas horas de los alemanes en suelo rosarino, y tras jugar al golf y recorrer el casco histórico, la empresa local continúa hasta el mediodía custodiando que los buses que conectan el puerto con el centro cada media hora, trasladando turistas de compras, lo hagan con normalidad.