De diversas formas podemos expresar una idea que conduce al mismo fin. Cuando se habla sobre el compromiso siempre se aportan ideas de cómo hacer para que los empleados sientan y transpiren la camiseta de la empresa.
Dicha frase suele tener en las personas una connotación negativa ya que se la asocia con un sentido que apunta a una sola dirección, mediante la cual la empresa busca maximizar sus ganancias a expensas del trabajador sin tenerlo en cuenta en su desarrollo personal y laboral.
Por lo cual la idea de generar un estado de compromiso se puede encarar de una forma más humana y que brinde beneficios tanto para la empresa como para las personas y que a su vez sus efectos sean más duraderos y positivos en el tiempo, fidelizando a sus integrantes.
En toda relación laboral existe un contrato entre dos partes, el empleado que brinda sus servicios y la empresa que paga por los mismos.
Reviste un aspecto vital generar en los integrantes de una compañía un compromiso que no solo se limite al estricto cumplimiento de las tareas que le son asignadas, sino que es importantísimo el desarrollo de competencias como la iniciativa, la cual apunta a realizar un trabajo de excelencia proponiendo mejoras sin limitarse a lo estrictamente establecido, sino que fluya ese fuego interno que le genere el ímpetu de intentar superar las expectativas y que sea capaz de hacer más cosas de las que se esperan de ella, anticipándose a los problemas, gestionando nuevas oportunidades, por lo cual la otra parte de esta relación contractual que es la empresa debe premiar e incentivar este tipo de actitudes.
Esto es lo que llamo el circulo virtuoso del compromiso compartido, el cual se va retroalimentando generando niveles cada vez mayores de satisfacción para ambas partes, por un lado el empleado que se va desarrollando personal y profesionalmente, creciendo en sus aptitudes, habilidades y conocimientos, lo cual debe ser un hecho generador de reconocimiento por parte de la empresa que mediante sus estímulos y motivación generan que la persona desea seguir este recorrido de innovar y sentir ese placer de contribuir a un trabajo de excelencia.
De esta manera la organización se ve altamente beneficiada por contar con el aporte de individuos que generan mayores niveles de calidad en la producción y en la prestación de servicios, debido a que el reconocimiento por parte de la misma a este tipo de competencias y aptitudes constituyen la esencia de sus políticas y valores, tomando al ser humano como inversión más importante de su capital.
Esto genera dicho círculo virtuoso ya que hay una retroalimentación positiva la cual ya es parte de la cultura organizacional, por lo cual se convierte en un saber de todos los integrantes que la búsqueda de la mejora que implica hacer un esfuerzo adicional para alcanzar mayores estándares en el alcance de los objetivos, conlleva a su reconocimiento otorgando mayores beneficios a ese plus realizado, ya sea que se trate de incentivos, premios, promociones, etc, pero este saber llena de orgullo a las personas de pertenecer a la organización ya que hay una conciencia colectiva que se valora el desarrollo de las personas, lo cual genera expectativas positivas logrando un ambiente altamente motivador.
Estamos hablando de culturas organizacionales sanas, que no usan a la misma al servicio de los objetivos fijados por la dirección utilizándola como medio de persuasión que conduzca al personal a encolumnarse incondicionalmente detrás de los objetivos de la Compañía, sino que su búsqueda se orienta a que los valores sean compatibles con los valores de sus integrantes, y que esto surja de la propia convicción personal basada en patrones éticos.
Por lo cual ante la existencia de objetivos y valores comunes, el trabajo al entrar en este círculo virtuoso que se retroalimenta generando beneficios para el individuo como para la empresa, se convierte en un factor de alta satisfacción personal, logrando que el mismo resulte más placentero, y obviamente al desarrollar una actividad con gusto se logra no solo que la energía dedicada sea mayor, sino que se da lugar al desarrollo de competencias vitales como ser la iniciativa, la generación de ideas, y la tranquilidad que habilitará a la persona a poder dar lo mejor de sí, todo redundando en mayores beneficios de la empresa.
Por ello no basta que las mismas elaboren una enunciación de misión, visión y valores que muchas veces pueden formar parte de su estrategia de marketing, sino que deben elaborarse con la convicción suficiente sabiendo cómo y adónde se quiere llegar, y así cuando su capital más importante que es el capital humano siente que es tratado como un ser íntegro, donde existe una visión compartida y que la enunciación de sus políticas no constituyen solo un maquillaje , sino que las mismas se traducen en el seno de la organización, siente que existe una profunda convicción con sus valores y es allí donde nace el orgullo de ser parte de la misma y asume su compromiso, ya que siente que el mismo será reconocido y respetado.