Tejer en los bares, el nuevo boom europeo.
Se lo llama "knitting" y es el boom europeo. La idea es tejer mientras se disfruta de una buena charla entre amigos en bares, restaurantes y cafeterías que ya empiezan a organizar sesiones de tejido. Sus seguidores afirman que es más adictivo que un sudoku.
Paradójicamente, lo que algunos consideran un anacronismo o una mera pasión por lo kitsch ha encontrado en las nuevas tecnologías su principal aliado. Durante los últimos años, Internet ha sido el catalizador y principal punto de encuentro de aficionados de todas las edades: vídeos explicativos en YouTube, blogs especializados, tiendas online... todo un universo virtual dedicado al arte de bordar, coser y tejer nuestras propias prendas.
Aunque cualquier lugar es idóneo para sentarse a hacer punto, cada vez más bares, restaurantes y cafeterías españolas albergan encuentros periódicas de knitting: en Valencia, la cafetería Canguro Verde organiza sesiones de knit and fun; en Bilbao, el Coffe Break es un punto de encuentro para aficionados; en Barcelona se reúnen puntualmente en locales como Llanàrium o La Dolça Bakery; y en Madrid, los preferidos son el Círculo de Bellas Artes o la cafetería Lo Siguiente.
Ese marcado componente social es otra de las claves del éxito del punto como tendencia. Marta, Blanca, Belén y Lucía se conocieron gracias a Alberto, y ahora quedan cada quince días para, en torno a una taza de café, una cerveza o un gin-tonic, charlar, confeccionar sus abrigadas prendas y compartir patrones. "La mayoría son chicas –reconoce Blanca–, pero cuando viene un chico, enseguida se pica y se pone a ello". "Es más adictivo que un sudoku: haces una línea y ya no puedes parar. Y le pillas el truco rápidamente", cuenta Belén.
“Llevo haciendo esto toda la vida. Me enseñó mi abuela siendo una niña. Pero lo hacía a escondidas, porque me daba un poco de vergüenza. Ahora ya no hay nada que ocultar”. Las palabras de Marta, una joven de 25 años de Madrid, suenan a auténtica salida del armario. Hoy se siente orgullosa de su pasión por lo que antiguamente se conocía como “las labores”. Y es que hacer punto ha ido ganando popularidad hasta convertirse en una tendencia imparable que arrasa en todo el planeta. Hasta celebrities como Cameron Diaz o Hillary Swank se han rendido a sus encantos.
Quizá ese componente do it yourself sea uno de los principales atractivos del knitting. En un mundo en el que cruzarse por la calle con alguien que luce la misma prenda que uno es más fácil que nunca, la posibilidad de desmarcarse con un diseño propio resulta, para muchos, enormemente seductora. Si a eso se le añade el placer de haberlo confeccionado con nuestras propias manos, la satisfacción es doble.
Los adeptos al punto, sin embargo, aseguran que su mayor virtud es su capacidad relajante. Frente al estrés de la computador, la quietud de los ovillos. “Hay quien dice, incluso, que es el nuevo yoga”, cuenta, medio en broma medio en serio, Alberto Bravo. Sabe de lo que habla: junto a su amiga Pepita Marín ha montado la empresa We Are Knitters, especializada en este mundillo, con la que vende kits de punto por Internet y organiza las llamadas Knitting Parties: encuentros para que los no iniciados aprendan a desenvolverse con las agujas y, sobre todo, para conocer gente y pasar un buen rato.
Los más incrédulos podrán pensar que la fiebre por el punto no es más que una moda pasajera, pero sus adeptos sostienen todo lo contrario: "Esto nunca pasará de moda", sentencia Blanca. Lo sea o no, una cosa está clara: nuestras abuelas sabían lo que se hacían.
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