03.01.2013 12:55 | Fuente:  | 

 | 
  • Tamaños:
 

Salud

“El alcohol fija las grasas”, mito o realidad

En verano solemos consumir más líquido por el calor y, a la par, en una relajada noche de vacaciones solemos tomar más alcohol de lo que tomamos en el transcurso del año. En promedio, en una de esas cenas llegamos a cubrir casi el valor calórico del día tan sólo con la ingesta de bebidas. Además de las consecuencias en la dieta de esas “calorías líquidas”, la nutricionista Susana Aranda advierte acerca de los cinco efectos de la sobreingesta del alcohol en el organismo.

Cuando estamos de vacaciones es común juntarse a disfrutar de las noches de verano en compañía de los amigos y la familia, pero también de un silencioso enemigo: las “calorías líquidas”.

Supongamos que en una cena comenzamos tomando dos vasos de cerveza (300 calorías) o un vaso de aperitivo tipo Vermut (200 calorías); luego, con la comida, tomamos dos copas de vino (360 calorías) o un vaso de fernet con bebida cola (360 calorías); y para terminar sacamos un frío vino espumante y nos servimos una copa que contiene 150 calorías. “Si sumamos todos estos consumos en una sola cena, tenemos en promedio cerca de 1.400 ‘calorías líquidas’ provenientes del alcohol. A eso se le suma la comida en sí misma, que aporta un nivel similar de calorías”, detalla la licenciada Susana Aranda, nutricionista de Sanatorio Diquecito.


¿Qué significa esto? Que si tenemos en cuenta que una persona tipo tiene un gasto promedio de 2.000 calorías por día, sólo con la bebida de una noche veraniega estaría cubriendo más de las dos terceras partes del valor calórico necesario para una jornada.

Qué hay de cierto en el dicho “el alcohol fija las grasas”

Según explica la especialista, el valor calórico de la bebida varía según la graduación alcohólica de la misma. Las bebidas destiladas siempre aportan más calorías porque tienen mayor graduación alcohólica. Además hay bebidas que tienen azúcar, como los vinos dulces o los espumantes, que suman otras tantas calorías también.

“En el caso de la cerveza, a pesar de que ésta tiene hidratos de carbono, no es la bebida que más calorías tiene debido a que es de menor graduación alcohólica (promedio 5-6 ° de alcohol/100 ml). El whisky, por ejemplo, tiene un promedio de 250 calorías en 100 mililitros. Pero lo que incide en el caso de la cerveza es que ésta se toma en mayor cantidad”, señala Aranda.

Otra opción que se presenta mucho en el verano son los tragos de jugo de fruta con vodka: “El vodka aporta unas 130 calorías cada 100 mililitros, sin contar el azúcar de la fruta. Al ser ésta tan dulce, se siente menos el gusto del alcohol y se toma más cantidad”, explica la especialista en Nutrición.

Ahora bien, ¿cómo funciona la absorción de esas calorías en el organismo? “Gran parte del alcohol se absorbe a nivel del estómago, mientras que el resto se absorbe a nivel del intestino delgado; por lo tanto el aporte calórico del alcohol se produce antes que el aporte calórico de la comida en sí misma, ya que a la comida le lleva más tiempo la digestión”, indica la licenciada Aranda. Esto significa que si el cuerpo tiene disponibles antes las calorías del alcohol, va utilizando primero esa fuente calórica y, por ende, después ya no necesita usar las calorías que vienen de las comidas. “El alcohol se transforma entonces en un sustituto de fuente calórica y por lo tanto no se usa la grasa como combustible, produciéndose el almacenamiento de grasa que se guarda como tejido adiposo”, advierte.

Por eso existe el famoso dicho de que “el alcohol fija las grasas”: en realidad el alcohol es un “ahorrador” de las grasas; es decir, el organismo usa las calorías del alcohol en lugar de utilizar la grasa corporal.

Los efectos para la salud

La sobreingesta de alcohol durante el verano y en general trae aparejados otros problemas que tienen que ver ya no con la sobrecarga calórica que produce sino con la salud:

1. El alcohol es agresor de la mucosa gástrica: agudiza el problema en las personas que tienen gastritis o que tienen tendencia a hacer acidez o reflujo gastroesofágico.
2. Es un hepatoagresor: es decir que es agresor para el hígado. En este momento tenemos muchas personas que tienen hígado graso y el alcohol es una de las principales causantes.
3. Abre el apetito: al producir secreción de jugos gástricos, cuando se empieza a tomar alcohol con el típico aperitivo se abre el apetito, por lo que se siente más hambre desde el principio de la cena.
4. Produce desinhibición a nivel del sistema nervioso: esto hace que uno baje las barreras que generalmente se pone para no comer tanto. Te permite que comas y tomes sin que seas conciente de la cantidad.
5. Es un deshidratador: para poder recomponerse de una noche de mucho consumo alcohólico se necesita tomar mucha agua; parte del dolor de cabeza tiene que ver con eso.

El mejor camino

No se trata acá de cuestionar la ingesta de alcohol en forma medida, pero sí de sugerir la posibilidad de que uno pueda ingerir la menor cantidad de calorías líquidas, por sus consecuencias negativas para el organismo.

En ese marco, la licenciada Aranda recomienda beber durante la cena alguna gaseosa light o dos tercios de una copa de vino, evitando los aperitivos, el fernet con bebida cola y tragos. Además, para aplacar la sed hay que optar por agua, soda o alguna bebida gaseosa cero calorías. También se pueden preparar jugos multivitamínicos, que aunque no sean bajos en calorías -porque está concentrada el azúcar de las frutas- de todas maneras son más sanos y se puede usar esa variante diluida con agua o con hielo. Y, finalmente, hacer una buena depuración al día siguiente de la cena.

03.01.2013 12:55 | Fuente:  | 

 | 
  • Tamaños: