El desmanejo político del conflicto agropecuario pone en vilo a la sociedad. Pese a que la economía no está mal, a horas de que se termine la tregua todo es incertidumbre y rumores.
Se multiplican las asambleas. Cada vez va más gente y hay más bronca. A la dirigencia se les hace difícil contenerlos. Pocos piensan en las negociaciones.